18.12.11

Ensalada de Zanahoria y Atún



Ingredientes (2 personas):
- 2 zanahoras grandes rayadas finitas
- 1 tarro de atún desmenuzado
- cilantro a gusto
- vinagre de vino rosado
- aceite y sal

Mezcle con paciencia y lentitud, hasta que se integren todos los sabores.
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31.10.11

Queques de camote y zanahoria con miel de naranja

Ingredientes: 

Para los queques: 
2 y 1/2 tazas de harina INTEGRAL, 
1 pizca de sal, 
2 cucharaditas de polvo para hornear, 
1 cucharada de canela molida, 
1 cucharadita de jengibre molido, 
1/2 tazas de azúcar morena
1/2 tazas de mantequilla suave,
1/2 taza de aceite primera presión en frío 
3 huevos, 
2 cucharadas de vainilla, 
1 y 1/2 tazas de zanahoria rallada, 
1 y 1/2 tazas de camote rallado, 
1/2 taza de piña (opcional), 
1/2 taza de pasas, 
1 taza de almendras rebanadas  

Para la miel de naranja: 
1 taza de agua, 
1 taza de jugo de naranja natural, 
3/4 taza de miel de abeja, 
1 cucharada de vainilla, 
ralladura de 2 naranjas, 
2 astillas de canela

Preparación:
1. En un tazón coloque la harina, la sal, el polvo para hornear, la canela y el jengibre. Mezcle y reserve.
2. En la batidora mezcle la mantequilla, el azúcar, el aceite, los huevos, hasta que quede cremosa. Luego agregue la zanahoria, el camote rallado y la vainilla.
3. En un tazón aparte, bañe las piñas, las almendras y las pasas con la harina (opcional). Incorpore lentamente a la masa de los quequitos revolviendo constantemente. Mezcle muy bien.
4. Distribuya la pasta en moldes de silicón, llene hasta 3/4 de cada molde. Si lo hace en moldes indivisuales, demora 15 minutos. Si lo hace en un solo gran molde, demora 30 minutos a fuego medio.
Para la miel de naranja. Coloque los ingredientes en una olla a fuego medio hasta que espese. Bañe los queques con el sirope y sirva de una vez.
Tiempo de preparación: 25 minutos.
Rinde: 8 porciones.
Chef: Lorena Velásquez
(Modificado por Francisca para hacerlo más sano: "A la receta original, le quite 3 tazas de azúcar y 1 taza de mantequilla, y cambie la harina blanca por harina integral. Receta exitosamente probada. Tanta azúcar no era necesario, porque con media taza ya queda suficientemente dulce, incluso para los adictos al azúcar". 

29.10.11

Verduras Salteadas: Cebollín, Hinojo y Naranja

Se recomienda para acompañar pescados a la plancha o al horno.

Ingredientes:
- 3 cebollines grandes
- 1 papa de hinojo
- ralladura de 2 naranjas grandes
- jugo de media naranja.
- tomillo
- sal con finas hierbas
- 2 cdas de aceite de oliva


Al hinojo, sáquele las capas externas y las hierbas verdes (esta resérvela para infusiones); y corte en juliana, pero trozos no muy delgados. El cebollín cortelo a lo largo, tampoco muy delgado. La idea es que se sienta la consistencia de ambas verduras.
Caliente el aceite, saltee primero el cebollín a fuego fuerte, y luego de 30 segundos, agregue el hinojo. Cocine un par de minutos y agregue la sal, la ralladura de naranja, el jugo y el tomillo. Deje otro par de minutos, hasta que estén semi-transparentes y doradas.

25.10.11

Bolitas de Plátano con Ensalada de Porotos Negros (y arroz integral)

Ingredientes:


Para los plátanos:
- 1 plátano por persona (para este plato se deben ocupar los conocidos como "plátanos verdes", pero bien maduros, si la cáscara está negra, mejor)
- hojas de laurel
- romero
- 1 caldo de costilla


Para la Ensalada de Porotos
- 1 taza de porotos negros cocidos (remojados del día anterior)
- laurel
- 1 cebolla cortada en pluma
- 1 manojo de cilantro
- 2 limones (el jugo)

Para el arroz integral
- 5 dientes de ajo
- 1 pimentón rojo grande
- laurel
- romero
- 1 caldo de costilla
- 1 taza de arroz

Cueza los plátanos en agua con todos los ingredientes mencionados más arriba. Deje hervir hasta que estén blandos. Saque los plátanos y reserve el caldo.
Muela los plátanos, agregue dos cdas de mantequillas, mezcle bien y empiece a hacer bolitas medianas. Luego aceite la lata del horno, coloque las bolitas ahí, y ponga a hornear las bolitas a fuego medio hasta que doren.

Arroz Integral:
Para asegurarse que quede bien blando, prepare todo en una olla a presión.
Pique los ajos en lonjas no muy delgadas, y el pimentón en cuadritos. Haga un sofrito con aceite de oliva. Agregue el arroz y saltee por un minuto. Luego agregue el agua caliente, el caldo de costilla, el laurel y el romero. Cierre la olla a presión y déjelo a fuego lento por media hora. Luego apague el fuego, deje que la olla se enfríe sola y cuando se pueda abrir, vuelva a prender el fuego para que termine de evaporarse el agua.

Ensalada de Porotos:
Los porotos deben dejarse la noche entera remojando. En la mañana se les cambia el agua, y se reservan hasta la hora que empiece a cocinar. Les vuelve a botar el agua y los cuece en agua con laurel y sal. Evite que se ablanden demasiado al cocer. Cuando termine, reserve el caldo.
Antes de mezclar la ensalada, la cebolla debe ser amortiguada. Existen distintas técnicas, yo lavo la cebolla hasta que quitarle el gas que la hace picante, luego la macero 1 hora en azúcar y luego la vuelvo a lavar.
Pique el cilantro finito.
Una vez que tenga todos los ingredientes listos, mezcle los porotos, con el cilantro picado, con la cebolla amortiguada, con harto jugo de limón, aceite de oliva y sal.

Caldo reservado
Mezcle el caldo de los plátanos con el caldo de los porotos. La combinación es deliciosa.
Puede servirlo como consomé de entrada, o puede agregarle maicena y hacer una salsa para acompañar las bolitas de plátano.

Plato servido
Dos bolitas de plátanos con una porción de arroz y otra de porotos.

5.5.11

Corbatitas Fuego y Tierra

Hoy improvisé un plato de fideos con verduras asadas que me quedó de miedo. Comparto aquí la receta:

Ingredientes para 4 personas:

- 3 cebollas moradas
- 2 puerros
- 2 pimentones pelados
- 250 grs de champignones (aunque mientras más, mejor)
- 1 berenjena
- 2 caldos de costilla
- tomillo
- 200 grs de corbatitas
- medio paquete de acelga
- sésamo tostado

Remoje las berenjenas en agua con sal por 30 minutos.
Remoje la acelga en agua tibia por 30 minutos.
Corte las cebollas, los puerros y los pimentones en cuadrados grandes. Colóquelos en una fuente para horno con aceite de oliva, tomillo y 1 caldo de costilla. Cocine a fuego fuerte por 20 minutos. 
Luego agregue los champignones enteros, las berenjenas y otro cubo de caldo de costillas. Agregue un poco de sal, pero con cuidado de no pasarse (recuerde con los caldos de costilla son salados). Y agregue medio vaso del agua donde remojó la acelga, para evitar que se queme el fondo. Cocine todo a fuego lento por 15 minutos. Luego cocine a fuego fuerte por 5 minutos y saque del horno. Pruebe que los champignones y las berenjenas, si están tiernos, apague; sino, vuelva todo al horno.
Paralelamente, cueza los fideos como siempre. Y corte la acelga remojada en tiritas. En el mismo colador donde vaciará el agua de los fideos, ponga las tiritas de acelga, y deje caer el agua hirviendo de los fideos sobre ella. Escurra bien la acelga y los fideos, y mezcle. Agregue las verduras asadas, aceite de oliva y sésamo tostado. Sirva caliente.

23.10.08

Comer rápido nos hace obesos

Fuente: BBC Mundo

Devorar rápidamente las comidas podría ser suficiente para doblar el riesgo de ser obeso, dice un estudio japonés.
Los científicos de la Universidad de Osaka estudiaron los hábitos alimenticios de 3.000 personas y reportaron sus conclusiones en al publicación British Medical Journal.
Los problemas con los sistemas que le indican al cuerpo cuándo dejar de comer parecen ser en parte responsables, dice un experto en nutrición británico.
Indicó que comer deliberadamente más lentamente al sentarse a la mesa podría tener un impacto sobre el peso.

El estudio más reciente examinó la relación entre la velocidad en que se consume el alimento, la sensación de saciedad y la obesidad.
Casi la mitad de los 3.000 voluntarios manifestaron a los investigadores que tenían la tendencia a comer rápido.
Comparados con aquellos que no lo hacían rápidamente, los hombres que comían rápido exhibían 84% más probabilidades de ser obesos, mientras que con las mujeres era casi el doble.
Aquellos que, además de devorar sus alimentos, comen hasta sentirse llenos, aumentan al triple las probabilidades de ser obesos.
Señales del estómago
El profesor Ian McDonald, de la Universidad de Nottingham, dijo que hay una serie de razones por qué el comer rápido puede ser malo para mantener el peso.
Dijo que la práctica podría interferir con el sistema de señalización que le indica al cerebro a no seguir consumiendo porque el estómago se está distendiendo.
"Si uno come rápidamente está básicamente llenando el estómago antes de que la información gástrica tenga una oportunidad de generarse - uno podría estar rebosando la capacidad del estómago", dijo el profesor.

Añadió que acelerar el consumo puede ser un comportamiento aprendido durante la infancia y podría ser revertido, aunque no es algo fácil.
"El viejo dicho de masticar cada bocado 20 veces puede ser verdad - si uno se tomara un poco más de tiempo, eso podría tener un impacto", concluyó.
Ventaja evolutiva
En un editorial que acompaña el reportaje, la investigadora australiana, las doctoras Elizabeth Denney-Wilson y Karen Campbell, dicen que el mecanismo que nos hace gordos hoy podría haber sido, hasta relativamente hace poco, una ventaja evolutiva, que nos ayudaba a consumir más alimento cuando éste era escaso.
Dijeron que, en lo posible, los niños deberían ser estimulados a comer despacio y permitírseles parar cuando se sintieran llenos a las horas de las comida.

El doctor Jason Halford, director del Laboratorio Kissileff sobre el Comportamiento de Ingestión Humana de la Universidad de Liverpool, expresó que la manera en que comemos está siendo considerada como un área clave en la investigación de la obesidad, especialmente desde la publicación de estudios que resaltan una variante genética vinculada a la "sensación de llenura".
Su propio trabajo, recientemente publicado en el Journal of Psychopharmacology, encontró que el medicamento contra la obesidad, sibutramine, funcionaba desacelerando el ritmo al cual los pacientes obesos comen.
"Lo que la investigación japonesa ha demostrado es que las diferencias individuales en el comportamiento de la alimentación subrayan el consumo excesivo de comida y está vinculado a la obesidad", afirmó el doctor Halford.
"Otras investigaciones han encontrado evidencia de esto en la niñez, sugiriendo que podría ser heredado o aprendido a una temprana edad", añadió.
Dijo, sin embargo, que aun no había evidencia de que tratar de desacelerar la comida de los niños tuviera un impacto en las futuras tasas de obesidad.

19.4.08

Pavo a la Cacerola


La verdad es que me quedó tan rico, que por eso lo comparto.
El sábado pasado fui a la feria como intento hacerlo todos los sábados. Para ahorrarme pega durante la semana, preparé algunas cosas sin tener certeza de qué comeríamos exactamente. Así que asé cuatro berenjenas en el horno; cocí las espinacas y el brócoli y guardé el caldo de ambas para tomar sopa natural en la semana; luego piqué la albahaca, el cilantro y el ciboulette, y las guardé en frascos separados con aceite de oliva y sal.
El día martes, cuando se acabaron los crespos a la bolgnesa que preparó el Jaime el domingo, decidí hacer pavo a la cacerola. Consultadas algunas fuentes, orales y cibernéticas, llegamos a la conclusión de que lo básico era sofreirlo con condimentos a elección y luego cocerlo durante 20 minutos en la olla a presión. Entonces agarré lo que tenía a mano: una cebolla, dos pimentones, tres dientes de ajo, comino y laurel, y lo sofreí todo junto, corté el pavo en trozos medianos y lo agregue cuando la cebolla ya tenía un par de minutos friéndose. Recordé el consejo de una tía que recomendaba agregar algo ácido para que la carne libere más jugo. Así que agarré una taza de vinagre de vino blanco, le puse dos cucharaditas de azúcar para suavizarla y la agregué al menjunje. Al final, vertí el caldo que había reservado de las espinacas y el brócoli, y le sumé papas cortadas en cubos medianos. Esto se coció en la olla a presión por 20 minutos tal como se había concertado. Cuando pasó el tiempo, apagué el fuego y agregué las hojas de espinacas y el brócoli previamente cocido. Y al probarlo, me derretí. Viene de cerca la recomendación, pero hace tiempo no comía un guiso tan bueno.

27.3.08

Causeo Porteño

Causeo es un nombre infinito. Como Cazuela. Como Empanada. Polisémico para ser más precisa. Pide una cazuela, atolondrado, y si no sabes donde estás parado, solo te queda tener fe en la olla y en los milagros de un onmívoro bien alimentado.
Causeo podría ser una palabra media llena o media vacía, dependiendo del comensal. Pero una vez que entras al Yugoslavo, en Valparaiso -que dicho sea de paso, tampoco tiene nombre, o tiene y nadie lo recuerda porque solo se llega a él invocando a un país que ya no existe-; no te queda otra más que enfrentarte a la incertidumbre. Entonces todo comienza a tener sustancia.
Y a la mesa, que ya tiene un par de chorrillanas y cinco litros de cerveza de aperitivo, llega un plato reluciente: gelatinosas patas de vacas cortadas en cubitos revueltos con porotos, cebolla y cilantro, aliñado con aceite y limón. Que la gelatina no lo amedrente, el causeo es una delicia.
Pa no darle más vuelta al asunto, adjunto un artículo de La Nación, que le incluye además, la conversación que nunca falta en los bares del puerto, el orgullo de ser NIC, nacido y criado en Valparaiso.

EL YUGOSLAVO FANTASMA

Iván Staroselcic llegó a Valparaíso en 1946. Siete años atrás, se había bajado de un mercante yugoslavo que venía a buscar salitre en Tocopilla y decidió que quedarse en Chile era mucho mejor que volver a enlistarse en el ejército de su país, que se preparaba para lo que más tarde se llamaría la Segunda Guerra Mundial.

Antes de anclar en el principal puerto de Chile, trabajó en varios oficios y así juntó dinero. Ya afincado en la avenida Colón, decidió comprarle al comerciante Carlos Vargas su restaurante: el San Carlos. Poco tiempo pasó para que en la ciudad corriera la voz de que un extranjero se había hecho cargo del boliche ubicado en calle Las Heras. Por eso el bar comenzó a ser conocido como “El Yugoslavo”, pese a que nunca cambió de nombre.


Hace un par de años Staroselcic se fue para siempre. Hoy, su hija Slavka –y a quien, paradójicamente, todos conocen como Gloria- se hizo cargo del negocio familiar. Ubicada justo debajo de un retrato doble que muestra a Iván en su juventud y vejez, Slavka Staroselcic trae al presente los tiempos duros, cuando debían ensuciar platos adrede para fingir que los parroquianos comían y no sólo bebían. “Un problema de patentes teníamos”. Pero también había momentos de alegría, como, por ejemplo, aquella iluminada mañana en que el yugoslavo ideó el plato que hasta el día de hoy identifica al San Carlos: el causeo de patas con porotos. “Mi padre siempre quiso ser chileno, y una vez se puso a pensar en lo que caracterizaba a la comida de su nuevo país, agarró unos porotos, unas cebollas, le agregó unas patas peladas y cocidas, y creó ese causeo”, relata su hija.

Dos tipos jóvenes discuten en una mesa cercana acerca de las formas de ser considerado porteño:

-Mira huevón -dice uno de ellos, que tiene la cara llena de espinillas-, uno puede tener la nacionalidad en Valparaíso por el ‘ius sanguinis’ o el ‘ius solis’. Si tuviste padres porteños y naciste en Coyhaique, igual ‘pasai’ por porteño. Y si naciste en el Van Buren, el Deformes o el Alemán, pero tus viejos eran de otro lado, también te asiente el derecho a la nacionalidad. ¿Me cachai? La cosa se complica si naciste en el Naval, porque ahí eres playanchino, y ese es otro cuento.

Una de las garzonas observa a los dos hombres y sonríe en silencio. En ese momento la dueña del San Carlos lanza un dato que se le escapaba. “Yo creo que mi padre sigue aquí, y le voy a contar un secreto…pese a que yo nunca he podido verlo, se me han ido tres niñas que trabajaban acá. Es que dicen que el fantasma del yugoslavo se les apareció, y se espantaron”.

7.10.07

FERIA LIBRE





Hoy fui a la Feria. Como casi todos los fines de semana. La feria es el ritual sagrado del cuál depende toda nuestra dieta alimenticia. Más aún, de la feria depende nuestra buena salud. El pelo brillante, la piela tersa y suave, los músculos ágiles, la retina transparente, la nariz despierta, las papilas entusiastas, las manos aladas y el corazón fuerte. Cuando voy a la feria, todos parecen más alegres, y no son solo las tallas de los feriantes, el soliloquio lúdico de los vendedores de frutas, no, no es solo eso. En la feria la gente sonríe, se encuentra, choca y pide disculpas. A veces creo que es el efecto de la exacerbación de los colores y aromas que a ratos te hace pisar las nubes, el extasis de la sensualidad fuera del cuerpo humano, lo mundano en su punto más sublime, la deliciosa frivolidad de la formas.
Pero la feria llevaba un tiempo lejos de si misma, las heladas, la inflación y el invierno inhibían toda expresión de alegría. Qué alegría puede haber cuando el bolsillo no te alcanza para comprar ni lo más básico y remite al supermercado una y otra vez. Fideos y sopas en sobre para los necios, llenando la sangre de tóxinas. Hasta que llegó la primavera y empezaron a bajar los precios. Alivio y entusiasmo en el primer fin de semana de Octubre.
La nutrición y la buena mesa, ocupan gran parte de mi vida cotidiana. Es una obsesión, debo reconocerlo. Una obsesión que llega a tal extremo, que despierto y me duermo pensando en comida. Cuando quiero expresar mis sensaciones de placer, siempre las comparo con comida, y cuando quiero compartir con alguien, siempre desempolvo mis recetas. Por eso no puedo dejar de ir a la feria.
En la casa somos cuatro personas, y gastamos 100 mil pesos mensuales en alimentación. 36 mil pesos se gastan de una sola vez en el supermercado, abasteciéndonos de alimentos no perecibles, y 16 mil semanales para comprar alimentos frescos y crudos. Practicamente el 50% de nuestra dieta son frutas y verduras crudas. Solo frutas al desayuno, yogur a media mañana, ensaladas de todos los colores de entrada, plato de fondo que incluya proteinas, carbohidratos y vitaminas, y aguita de hierbas, mote con huesillo a media tarde, pan con mantequilla, palta, queso o huevos de once, y ensalada o sopa casera de verduras pa terminar el día. Todo gracias a que existe la Feria. Y una vez cada tres meses vamos a La Vega donde compramos aceite de oliva y muchas legumbres.
Toda mi vida gira en torno a la comida. Mi vida es la comida.

9.5.07

El Club de los Reconciliados con el Cochayuyo

El mito familiar era que yo comía cochayuyo hasta los cuatro años y que me encantaba. Pero a esa edad mis padres cometerían un error nefasto. Dejaron la puerta de la cocina abierta y yo sentí el olor que emanaba de la cocción de nuestra alga nacional. Nunca más volví a probar bocado de tan vapuleada planta marina.

Como se dice en buen chileno, yo fui patachera desde chiquitita. Comía piures, comía erizos, comía acelga, comía panita de pollo, ¡comía guatitas! Pero no comía cochayuyo. A medida que transcurrían los años, iba superando mis traumas alimenticios, primero el pimentón, luego el zapallo italiano, la cebolla, las aceitunas amargas, las berenjenas, el queso cabeza. Hasta que llegue a una madurez gastronómica tal, que era la envidia de todos los mañosos. Yo comía de todo y cuando me preguntaban con sarcasmo ¿hay algo que no te guste? Solo una pequeña mancha en mi impecable currículum: el cochayuyo.

Hasta que un día soleado, en medio de la Villa Olímpica, en un puesto de fruta frente a aquel supermercado olvidado de Unimarc, una pequeña bolsa estremeció la curiosidad. Junto a un montón de ensaladas preparadas en sus respectivas bolsitas selladas al vacío, decenas de pedacitos marrones ahuecados en su interior, previamente cocidos tentaron a una esquiva comensal. Además le llevaban cebolla en pluma amortiguada y cilantro picado. Solo había que echarle limón.

Así lo hice. Nada tenía que perder. Llegue con la bolsita a mi casa, exprimí los limones, lo dejé reposar y le agregue sal y limón. Puse el plato en la mesa y el resto de los comensales empezaron a acercarse con desconfianza. Fue un momento de suspenso. Parecía que una bomba explotaría en cualquier minuto. Y lo probé. Y fue tal el éxtasis que experimenté que fundé El Club de los Reconciliados con el Cochayuyo. Ya somos tres.

Y no solo eso. Hasta inventé una receta muy fácil de hacer. Vaya a donde su casera de siempre, ese de las ensaladas en bolsitas, compre porotos burros, cebolla en pluma amortiguada con cilantro, y cochayuyo cocido y picado. Mezcle todo, exprima abundante limón, deje reposar 10 minutos, agregue sal y aceite a su gusto. Si no tiene un casero que venda estos productos, puede venir un fin de semana cualquiera a la Villa Olímpica, de preferencia a mediodía, y compra estas ensaladas preparardas en el puesto que está al lado de la pescadería. Imposible perderse.