18.12.11
31.10.11
Queques de camote y zanahoria con miel de naranja
29.10.11
Verduras Salteadas: Cebollín, Hinojo y Naranja
Ingredientes:
- 3 cebollines grandes
- 1 papa de hinojo
- ralladura de 2 naranjas grandes
- jugo de media naranja.
- tomillo
- sal con finas hierbas
- 2 cdas de aceite de oliva
Al hinojo, sáquele las capas externas y las hierbas verdes (esta resérvela para infusiones); y corte en juliana, pero trozos no muy delgados. El cebollín cortelo a lo largo, tampoco muy delgado. La idea es que se sienta la consistencia de ambas verduras.
Caliente el aceite, saltee primero el cebollín a fuego fuerte, y luego de 30 segundos, agregue el hinojo. Cocine un par de minutos y agregue la sal, la ralladura de naranja, el jugo y el tomillo. Deje otro par de minutos, hasta que estén semi-transparentes y doradas.
25.10.11
Bolitas de Plátano con Ensalada de Porotos Negros (y arroz integral)
Para los plátanos:
- 1 plátano por persona (para este plato se deben ocupar los conocidos como "plátanos verdes", pero bien maduros, si la cáscara está negra, mejor)
- hojas de laurel
- romero
- 1 caldo de costilla
Para la Ensalada de Porotos
- 1 taza de porotos negros cocidos (remojados del día anterior)
- laurel
- 1 cebolla cortada en pluma
- 1 manojo de cilantro
- 2 limones (el jugo)
Para el arroz integral
- 5 dientes de ajo
- 1 pimentón rojo grande
- laurel
- romero
- 1 caldo de costilla
- 1 taza de arroz
Cueza los plátanos en agua con todos los ingredientes mencionados más arriba. Deje hervir hasta que estén blandos. Saque los plátanos y reserve el caldo.
Muela los plátanos, agregue dos cdas de mantequillas, mezcle bien y empiece a hacer bolitas medianas. Luego aceite la lata del horno, coloque las bolitas ahí, y ponga a hornear las bolitas a fuego medio hasta que doren.
Arroz Integral:
Para asegurarse que quede bien blando, prepare todo en una olla a presión.
Pique los ajos en lonjas no muy delgadas, y el pimentón en cuadritos. Haga un sofrito con aceite de oliva. Agregue el arroz y saltee por un minuto. Luego agregue el agua caliente, el caldo de costilla, el laurel y el romero. Cierre la olla a presión y déjelo a fuego lento por media hora. Luego apague el fuego, deje que la olla se enfríe sola y cuando se pueda abrir, vuelva a prender el fuego para que termine de evaporarse el agua.
Ensalada de Porotos:
Los porotos deben dejarse la noche entera remojando. En la mañana se les cambia el agua, y se reservan hasta la hora que empiece a cocinar. Les vuelve a botar el agua y los cuece en agua con laurel y sal. Evite que se ablanden demasiado al cocer. Cuando termine, reserve el caldo.
Antes de mezclar la ensalada, la cebolla debe ser amortiguada. Existen distintas técnicas, yo lavo la cebolla hasta que quitarle el gas que la hace picante, luego la macero 1 hora en azúcar y luego la vuelvo a lavar.
Pique el cilantro finito.
Una vez que tenga todos los ingredientes listos, mezcle los porotos, con el cilantro picado, con la cebolla amortiguada, con harto jugo de limón, aceite de oliva y sal.
Caldo reservado
Mezcle el caldo de los plátanos con el caldo de los porotos. La combinación es deliciosa.
Puede servirlo como consomé de entrada, o puede agregarle maicena y hacer una salsa para acompañar las bolitas de plátano.
Plato servido
Dos bolitas de plátanos con una porción de arroz y otra de porotos.
5.5.11
Corbatitas Fuego y Tierra
23.10.08
Comer rápido nos hace obesos
19.4.08
Pavo a la Cacerola
El sábado pasado fui a la feria como intento hacerlo todos los sábados. Para ahorrarme pega durante la semana, preparé algunas cosas sin tener certeza de qué comeríamos exactamente. Así que asé cuatro berenjenas en el horno; cocí las espinacas y el brócoli y guardé el caldo de ambas para tomar sopa natural en la semana; luego piqué la albahaca, el cilantro y el ciboulette, y las guardé en frascos separados con aceite de oliva y sal.
El día martes, cuando se acabaron los crespos a la bolgnesa que preparó el Jaime el domingo, decidí hacer pavo a la cacerola. Consultadas algunas fuentes, orales y cibernéticas, llegamos a la conclusión de que lo básico era sofreirlo con condimentos a elección y luego cocerlo durante 20 minutos en la olla a presión. Entonces agarré lo que tenía a mano: una cebolla, dos pimentones, tres dientes de ajo, comino y laurel, y lo sofreí todo junto, corté el pavo en trozos medianos y lo agregue cuando la cebolla ya tenía un par de minutos friéndose. Recordé el consejo de una tía que recomendaba agregar algo ácido para que la carne libere más jugo. Así que agarré una taza de vinagre de vino blanco, le puse dos cucharaditas de azúcar para suavizarla y la agregué al menjunje. Al final, vertí el caldo que había reservado de las espinacas y el brócoli, y le sumé papas cortadas en cubos medianos. Esto se coció en la olla a presión por 20 minutos tal como se había concertado. Cuando pasó el tiempo, apagué el fuego y agregué las hojas de espinacas y el brócoli previamente cocido. Y al probarlo, me derretí. Viene de cerca la recomendación, pero hace tiempo no comía un guiso tan bueno.
27.3.08
Causeo Porteño
Causeo podría ser una palabra media llena o media vacía, dependiendo del comensal. Pero una vez que entras al Yugoslavo, en Valparaiso -que dicho sea de paso, tampoco tiene nombre, o tiene y nadie lo recuerda porque solo se llega a él invocando a un país que ya no existe-; no te queda otra más que enfrentarte a la incertidumbre. Entonces todo comienza a tener sustancia.
Y a la mesa, que ya tiene un par de chorrillanas y cinco litros de cerveza de aperitivo, llega un plato reluciente: gelatinosas patas de vacas cortadas en cubitos revueltos con porotos, cebolla y cilantro, aliñado con aceite y limón. Que la gelatina no lo amedrente, el causeo es una delicia.
Pa no darle más vuelta al asunto, adjunto un artículo de La Nación, que le incluye además, la conversación que nunca falta en los bares del puerto, el orgullo de ser NIC, nacido y criado en Valparaiso.
EL YUGOSLAVO FANTASMA
Iván Staroselcic llegó a Valparaíso en 1946. Siete años atrás, se había bajado de un mercante yugoslavo que venía a buscar salitre en Tocopilla y decidió que quedarse en Chile era mucho mejor que volver a enlistarse en el ejército de su país, que se preparaba para lo que más tarde se llamaría la Segunda Guerra Mundial.
Antes de anclar en el principal puerto de Chile, trabajó en varios oficios y así juntó dinero. Ya afincado en la avenida Colón, decidió comprarle al comerciante Carlos Vargas su restaurante: el San Carlos. Poco tiempo pasó para que en la ciudad corriera la voz de que un extranjero se había hecho cargo del boliche ubicado en calle Las Heras. Por eso el bar comenzó a ser conocido como “El Yugoslavo”, pese a que nunca cambió de nombre.
Dos tipos jóvenes discuten en una mesa cercana acerca de las formas de ser considerado porteño:
-Mira huevón -dice uno de ellos, que tiene la cara llena de espinillas-, uno puede tener la nacionalidad en Valparaíso por el ‘ius sanguinis’ o el ‘ius solis’. Si tuviste padres porteños y naciste en Coyhaique, igual ‘pasai’ por porteño. Y si naciste en el Van Buren, el Deformes o el Alemán, pero tus viejos eran de otro lado, también te asiente el derecho a la nacionalidad. ¿Me cachai? La cosa se complica si naciste en el Naval, porque ahí eres playanchino, y ese es otro cuento.
Una de las garzonas observa a los dos hombres y sonríe en silencio. En ese momento la dueña del San Carlos lanza un dato que se le escapaba. “Yo creo que mi padre sigue aquí, y le voy a contar un secreto…pese a que yo nunca he podido verlo, se me han ido tres niñas que trabajaban acá. Es que dicen que el fantasma del yugoslavo se les apareció, y se espantaron”.
7.10.07
FERIA LIBRE

Pero la feria llevaba un tiempo lejos de si misma, las heladas, la inflación y el invierno inhibían toda expresión de alegría. Qué alegría puede haber cuando el bolsillo no te alcanza para comprar ni lo más básico y remite al supermercado una y otra vez. Fideos y sopas en sobre para los necios, llenando la sangre de tóxinas. Hasta que llegó la primavera y empezaron a bajar los precios. Alivio y entusiasmo en el primer fin de semana de Octubre.
La nutrición y la buena mesa, ocupan gran parte de mi vida cotidiana. Es una obsesión, debo reconocerlo. Una obsesión que llega a tal extremo, que despierto y me duermo pensando en comida. Cuando quiero expresar mis sensaciones de placer, siempre las comparo con comida, y cuando quiero compartir con alguien, siempre desempolvo mis recetas. Por eso no puedo dejar de ir a la feria.
En la casa somos cuatro personas, y gastamos 100 mil pesos mensuales en alimentación. 36 mil pesos se gastan de una sola vez en el supermercado, abasteciéndonos de alimentos no perecibles, y 16 mil semanales para comprar alimentos frescos y crudos. Practicamente el 50% de nuestra dieta son frutas y verduras crudas. Solo frutas al desayuno, yogur a media mañana, ensaladas de todos los colores de entrada, plato de fondo que incluya proteinas, carbohidratos y vitaminas, y aguita de hierbas, mote con huesillo a media tarde, pan con mantequilla, palta, queso o huevos de once, y ensalada o sopa casera de verduras pa terminar el día. Todo gracias a que existe la Feria. Y una vez cada tres meses vamos a La Vega donde compramos aceite de oliva y muchas legumbres.
Toda mi vida gira en torno a la comida. Mi vida es la comida.
9.5.07
El Club de los Reconciliados con el Cochayuyo
El mito familiar era que yo comía cochayuyo hasta los cuatro años y que me encantaba. Pero a esa edad mis padres cometerían un error nefasto. Dejaron la puerta de la cocina abierta y yo sentí el olor que emanaba de la cocción de nuestra alga nacional. Nunca más volví a probar bocado de tan vapuleada planta marina.
Como se dice en buen chileno, yo fui patachera desde chiquitita. Comía piures, comía erizos, comía acelga, comía panita de pollo, ¡comía guatitas! Pero no comía cochayuyo. A medida que transcurrían los años, iba superando mis traumas alimenticios, primero el pimentón, luego el zapallo italiano, la cebolla, las aceitunas amargas, las berenjenas, el queso cabeza. Hasta que llegue a una madurez gastronómica tal, que era la envidia de todos los mañosos. Yo comía de todo y cuando me preguntaban con sarcasmo ¿hay algo que no te guste? Solo una pequeña mancha en mi impecable currículum: el cochayuyo.
Hasta que un día soleado, en medio de la Villa Olímpica, en un puesto de fruta frente a aquel supermercado olvidado de Unimarc, una pequeña bolsa estremeció la curiosidad. Junto a un montón de ensaladas preparadas en sus respectivas bolsitas selladas al vacío, decenas de pedacitos marrones ahuecados en su interior, previamente cocidos tentaron a una esquiva comensal. Además le llevaban cebolla en pluma amortiguada y cilantro picado. Solo había que echarle limón.
Así lo hice. Nada tenía que perder. Llegue con la bolsita a mi casa, exprimí los limones, lo dejé reposar y le agregue sal y limón. Puse el plato en la mesa y el resto de los comensales empezaron a acercarse con desconfianza. Fue un momento de suspenso. Parecía que una bomba explotaría en cualquier minuto. Y lo probé. Y fue tal el éxtasis que experimenté que fundé El Club de los Reconciliados con el Cochayuyo. Ya somos tres.
Y no solo eso. Hasta inventé una receta muy fácil de hacer. Vaya a donde su casera de siempre, ese de las ensaladas en bolsitas, compre porotos burros, cebolla en pluma amortiguada con cilantro, y cochayuyo cocido y picado. Mezcle todo, exprima abundante limón, deje reposar 10 minutos, agregue sal y aceite a su gusto. Si no tiene un casero que venda estos productos, puede venir un fin de semana cualquiera a la Villa Olímpica, de preferencia a mediodía, y compra estas ensaladas preparardas en el puesto que está al lado de la pescadería. Imposible perderse.
